Cinco grandes leyendas futbolísticas del Parma


El Parma, equipo mítico de la Serie A italiana ha sido descendido a la categoría de aficionados por quebrar tras 101 años de historia. Sus problemas vienen de hace tiempo pero ha sido un día como hoy cuando se han hecho insostenibles.



Tengo vivos y buenos recuerdos de ese club italiano, que en los años 90 era uno de los grandes para mi infantil mirada del fútbol y la vida... así como para mi corta memoria histórica.

Por aquel entonces mi padre contaba con un buen proveedor en Italia, de esos a los que acabas llamando amigo. Era un hombre típicamente italiano: elegante, divertido, cercano, simpático, buen negociador... y enamorado de su familia y su equipo de fútbol.
Eran tan acérrimo seguidor del Parma como mi padre del Athletic, siendo ambos equipos definitorios del carácter, ideales y forma de ser de estos dos curiosos hinchas.

Recuerdo dos cruces entre ambos equipos. El último de ellos, en plena etapa universitaria acabó con una buena celebración por mi parte. Pero el anterior choque dejó un recuerdo imborrable en mi memoria.


Enrico, como se llamaba el personaje, estaba casualmente de visita en Bilbao. Yo ya había oído hablar de él porque su fama le precedía y además, en mi colección futbolística ya contaba con una bandera del Parma por cortesía de tan importante contacto profesional de mi padre. La noche del partido les acompañé a San Mamés y un rato antes de entrar, el familiar italiano solicitó mi ayuda para comprar un recuerdo del Athletic a su hijo. Además de sentirme honrado por la petición, a mi tierna edad lo sentí como una gran responsabilidad.

La pequeña tienda con la que contaba el campo en aquel tiempo estaba abarrotada. Enrico, aún sabiendo de antemano todo lo que quería comprar, se hizo el tonto. Yo, con buen criterio, le expliqué que la camiseta más bonita que podía obtener era la azul, más original; pero claro, eso era cuestión de gustos así que consideraba que si era un recuerdo para su hijo, lo más normal era que llevase la clásica rojiblanca. El parmensi asintió y preguntó quién era el mejor jugador, una pregunta ridícula por tener evidente respuesta. Puesto que no estaba la camiseta de Julen Guerrero decidimos que lo mejor era llevarla sin dorsal; no fuese a pasar lo mismo que nos había ocurrido con el gran Rafa Alkorta.

El italiano, para asegurarse, me pidió que me probase la camiseta y viendo que me entraba a la perfección, con una gran sonrisa agradeció mi ayuda y se dirigió al mostrador. Una vez allí pidió la talla adecuada para la camiseta rojiblanca y otra para la azul, pidiendo que envolviesen para regalo sólo la primera. Aunque hice el amago de rechazarla, era un regalo de alto valor para mi, así que con un poco de vergüenza culpable, me la enfundé.

A mi padre no le hizo demasiada gracia verme salir así de la tienda, algo que se había temido que ocurriese ante la solicitud de Enrico. El italiano, quitando hierro al asunto y mostrándose encantado de haber podido compensar mis conocimientos, criterio y desempeño dentro de la tienda, hizo entrar en razón a mi padre: sólo había un culpable de lo que había pasado y no era yo. Además, Enrico quería regalarme la camiseta y no había nada ni nadie que fuese a estropearle ese placer.

El hecho de tener nueva camiseta del Athletic, haciéndome ilusión como me hacía, quedó en segundo término ante lo que para mí fue un gran acto de generosidad, ya que Enrico me hizo creer que era todo por mi inestimable ayuda; siendo capaz además de calmar el malestar de mi padre ante tal acto de egoísmo por parte de su hijo menor.
Esa camiseta ha sido, probablemente, la camiseta del Athletic que más veces me he puesto en mi vida. Y la hecho de menos.

Tras la recordada eliminatoria ante el Newcastle y a pesar de la victoria por 1-0 en San Mamés, fue el Parma el que pasó a la siguiente fase de la Uefa 94-95 en un vibrante partido en el Ennio Tardini, alzándose campeón posteriormente ante la Juventus (que tan solo un año después se haría con la Liga de Campeones) con un equipo de gala: Benarrivo, Couto, Dino Baggio, Zola, Asprilla, Sensini...


Unos días después recibí en mi casa una bufanda del Parma. La comparación con la mía del Athletic era odiosa. La bufanda del Parma, que aún conservo, es blanca radiante, aterciopelada y con una fuerza inexplicable que le imprimen los colores amarillos y azules que la adornan. El día que abrí la caja que la contenía pensé que en toda Italia no podía haber un club de mayor categoría; ni Inter, ni Juve, ni Milán.

Sirva este artículo para homenajear a toda la afición y a las leyendas que pasaron por el Parma FC. Y cómo no, a Enrico y su cercanía; a la amistad por encima de los negocios y a la sana rivalidad del fútbol.

Mi Top 5 leyendas que han militado en el Parma FC, por orden de importancia es:

1. Gianluigi Buffon, el mejor portero que he tenido el gusto de ver en acción.

2. Thomas Brolin, mi jugador preferido de todos los tiempos que llevó a un país como Suecia al tercer puesto de un Mundial (USA '94).

3. Fabio Cannavaro, el mejor central de su generación y a pesar de ser defensa, Balón de Oro 2006.

4. Faustino Asprilla, uno de los mejores jugadores colombianos de la historia que marcó época en la selección con Tren Valencia, Valderrama y Rincón.

5. Liliam Thuram, uno de los laterales derechos más completos de la historia, jugador en la mítica Francia de Zidane y Deschamps.


¡Ánimo Parma! ¡Volverás a ser grande!

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