Cinco consejos para mejorar las visualizaciones de datos

La llegada de Qlik al mundo del análisis de datos supuso una revolución en inteligencia de negocios que desde entonces se ha ido consolidando y mejorando. Ahora, con Qlik Sense, el BI "autoservicio" está al alcance de todos los usuarios de negocio que pueden crear sus propios Cuadros de Mando de una forma muy sencilla. 

Para optimizar la utilización de este tipo de herramientas, la casa sueca ofrece seis útiles consejos para mejorar las visualizaciones de datos, resumiendo así la forma de obtener un mayor rendimiento en el análisis de información.

1) Tener claro el objetivo; ya que cuanto menos haya que interpretar, más fácil será entender.

2) Elegir el gráfico adecuado según la información que se quiera representar; donde menos es más.

3) Uso de colores; teniendo en cuenta que comunican, pero no deben cargar con todo el peso del significado.

4) La elección de los datos; que debe realizarse teniendo en cuenta la posibilidad de descubrimiento.

5) No olvidar la importancia de la comunicación; no se trata de presentar datos sino de contar historias.

Imagen libre de Unsplash.

Cinco cárceles a las que sí queremos ir



Generalmente, a la gran mayoría de las personas, no nos hace mucha gracia la idea de pisar una cárcel, ni siquiera de visita. Pero tras años de errores, historias para no dormir y personas enterradas en vida, algunas de ellas han quedado para la posteridad como símbolos, pero también como atractivos destinos turísticos, para ver y aprender.

Éste tipo de monumentos se conservan por diversos motivos. Algunas, como maravilla arquitectónica, otras simplemente para aprovechar un edificio reutilizable para otros cometidos. Algunas para recordar las penurias de ciertas personalidades importantes o mostrar torturas de épocas pasadas, y otras para mantener viva una leyenda o como testigo de miles de pequeños párrafos que formaron una gran historia común. Pero todas tienen el mismo propósito compartido que es recordar cómo se hizo, para que jamás se haga así de nuevo; si bien no solemos tomar conciencia de esto como debiéramos.

Prueba de ésta mala memoria son las atestadas cárceles sudamericanas (aunque también tenemos ejemplos más cercanos tanto geográficamente como culturalmente); y a otro nivel aunque con resultado similar, la infinidad de campos de refugiados, superpoblados por el surgimiento y mantenimiento de innumerables conflictos armados olvidados (y lamentablemente, en ocasiones, hasta desconocidos). Este ejemplo, no deja de ser una copia a pequeña escala y por motivos bien distintos de los campos de concentración nazi, ideados para ejecutar la “solución final”.

Tenemos ejemplos de estos memoriales de la vergüenza en numerosos países europeos, siendo los más importantes los localizados en Alemania (Dachau), Austria (Mauthausen) y Polonia (Auschwitz); pero también tenemos impresionantes ejemplos de cárceles al uso en todo el mundo, que de algún modo sirvieron para ir avanzando muy lentamente hacia un sistema penitenciario centrado en la reinserción, para no ser simplemente palacios del castigo, que es como surgieron.

Una de las más famosas es la cárcel de (1) Alcatraz, cerca de San Francisco. Su popularidad, como tantas otras cosas, se debe al cine de Hollywood, aunque bien es cierto que siempre fue vista como el reto insuperable para cualquier recluso con ganas de escapar. No en vano, cuenta la leyenda que nadie logró jamás salir con vida tras una fuga de La Roca.

Vista de Alcatraz en una foto de una empresa que realiza visitas a la isla.

Otro enclave interesante lo encontramos en (2) Sing-Sing, Nueva York. En una ciudad con tantos atractivos es fácil que pase desapercibida, más aun teniendo en cuenta que sigue en funcionamiento; pero merece mención al ser una de las cárceles de máxima seguridad más nombradas en la cultura popular; tanto en canciones como en películas como Ciudadano Kane, Desayuno con Diamantes o El Peregrino de Chaplin.

(3) Port Arthur, en Tasmania, es un ejemplo muy particular ya que es un pequeño símbolo de la reclusión y los trabajos forzados dentro de una inmensa cárcel llamada Australia. Bien es sabido que el nuevo continente fue poblado por convictos británicos que saturaban las prisiones inglesas. Los presos eran seleccionados entre los más fuertes para realizar trabajos de construcción y colonización en condiciones de esclavitud; si bien, eran libres al cumplir sus penas por no tener ninguno delitos por violencia. Port Arthur, además de ser un paraje de gran belleza, se trata de todo un hito ya que se construyó para experimentar un sistema más avanzado y humano de reclusión; pero también es un símbolo del propio país que hoy en día mira hacia atrás con la cabeza bien alta, sin avergonzarse de sus comienzos.

El ejemplo más dulce, por decirlo de algún modo, es la prisión de (4) Langholmen, Estocolmo, donde se realizó la última ejecución en Suecia, cuando el resto de países del entorno ni se planteaban el fin de esa práctica. Fue concretamente en 1910, con una guillotina comprada a Francia que sólo se usó en esa ocasión. Hoy en día es un singular albergue situado en una preciosa isla con pequeñas playas y vistas espectaculares del famoso ayuntamiento. Es el plan perfecto para un paseo matutino en bicicleta.

La isla de Langholmen, con la cárcel - hostel en el medio. Foto de Traveletto.

Entre los símbolos carcelarios más destacados (y recientes), encontramos (5) Robben Island, la prisión sudafricana convertida en un mito de la lucha contra el apartheid y por extensión, de los derechos humanos. Varios activistas fueron encarcelados allí, entre ellos el prisionero 466/64: Nelson Mandela. La prisión es incluso Patrimonio de la Humanidad desde 1999.


Prácticamente el resto de prisiones del planeta no existirían en un mundo ideal; pero ahí están, esperando que un milagro las convierta en monumento, para pasar a ser un lugar al que sí queremos ir.

Cinco canciones para salir del pozo

Días grises. Te cuesta levantarte. No quieres salir de casa. Ahí fuera hace frío... ¿Te ha pasado alguna vez?
Un amigo me dijo una vez que un verdadero valiente es aquel que no se rinde. Y aunque a veces dan ganas, hay que andar el camino.

Sea cual sea el motivo que te impide abrir la puerta y comerte el mundo, la música puede darte un empujón. A mí me ha ayudado. Y me sigue ayudando cuando tengo un mal día de trabajo, me enfrento a un reto que asusta o la vida simplemente me cae a plomo sobre el cuerpo.

Aquí os dejo la música que me levanta cuando más me cuesta... ¡espero que a vosotros también os sirva!

LOSE YOURSELF

Si sólo tienes una oportunidad... ¿la atraparías o la dejarías escapar? Si te has estado preparando para algo gordo, lo último antes de lograrlo es escuchar esta canción a tope.


AMAZING

Porque así es: en un pequeño instante, cuando todo va mal, puede surgir ese rayo de luz que necesitas.


WAITING IN VAIN

En realidad me vale casi cualquiera de Legend, de Bob Marley. Waiting in vain me da especial buen rollo por el ritmo, más que por la letra. Otra muy buena One love. O Satisfy my soul. O Three little birds... o...


STRONGER

Lo que no te mata te hace más fuerte; así que coge los golpes como lecciones y aprende de ellos. Que no vuelvan a dolerte, que no puedan darte más.


I DON'T GIVE A FUCK

Porque hay veces que ni siquiera merece la pena pensar en ello. Y para esas ocasiones, lo mejor es la thug life: Big Sean, 2Pac, Chamillionire, DJ Khaled, Ludacris, Snoop Dogg, NWA, 50 Cent y toda la banda.


Y ya que estamos, os invito a escuchar mi lista de Spotify con los grandes clásicos que suenan en el inmortal Kafe Antzokia de Bilbao, que sopla 25 velas este año.
¡Ánimo!

Medianoche en París: Cinco cafeterías para parar el tiempo

Necesito echar mano de un genio como Woody Allen para poder definir la ciudad de París. En su película localizada en la capital francesa, uno de los protagonistas comenta que no entiende por qué la gente vive en otros sitios existiendo París. En mi opinión es mucho decir, pero sí que es cierto que muestra a la perfección qué es la Ciudad Luz; vista por sus ciudadanos como el centro del universo y por los visitantes como una ciudad sin igual.

Ciertamente, París es uno de esos sitios a los que “hay que ir”, no en vano es el primer destino turístico mundial; pero no debe hacerse sólo por tratarse de una de las principales ciudades del mundo o por ser una de las más majestuosas (y bellas), sino por todo su significado.
La ville lumière, llamada así por su fama de centro mundial de las artes, tiene un sabor bohemio, un aire interesante al estilo de un libro antiguo de hojas amarillentas. Es la ciudad donde un prostíbulo es monumento histórico del siglo XIX y los puestos callejeros venden tesoros manuscritos de la literatura. Al igual que el protagonista de Midnight in Paris, puedes imaginarte como parte del grupo de amigos de Scott Fitzgerald, compartiendo una cerveza mientras hablas de literatura o filosofía y acabas discutiendo de política.

Generalmente se toma el barrio de Montmartre como referencia de la bohemia parisina por ser cuna del impresionismo y residencia de artistas (Modigliani, Picasso, Van Gogh, Degas, Matisse o Renoir vivieron aquí); pero sus huellas se reducen hoy en día al recuerdo que suscitan sus caricaturistas y las buhardillas de sus edificios, además de los archiconocidos cabarets del Moulin Rouge, Au Lapin Agile o Le Chat Noir. Pero, como escribió Charles Aznavour en La Boheme (1965), “ya no reconozco ni las calles ni los muros que habían visto mi juventud (…) Montmartre parece triste”.
Si bien, en ocasiones pretendemos viajar al pasado en algunos de nuestros viajes, no deja de ser un tanto absurdo, porque como nosotros mismos, los lugares cambian; lo cual no significa que la colina de París carezca de encanto alguno. 

Café de Paix en Capucines. Wikipedia.

También podemos buscar ese viejo sabor bohemio, cerca de la Ópera Garnier en el conocidísimo (1) Café de la Paix, el preferido de Émile Zola; o entre los muchos e icónicos cafés de Montparnasse como Le Select y La Rotonde. Aunque si hay una cafetería mítica en la ciudad esa es (2) Le Procope; nacida en 1686, donde degustaron sus especialidades personajes como Voltaire o Benjamin Franklin.


Pero si queremos sumergirnos en aquella ciudad de refinada vanguardia artística, el paseo debe ser por el Boulevard Saint Germain. Como toda la ciudad, hoy en día ha cambiado, pero aún mantiene un halo de cultura e historia en sus terrazas que invitan a leer un buen libro con un cafe au lait en la mesa.
La parada obligada del barrio de Saint Germain-des-Prés es la iglesia del mismo nombre, donde reposan los restos de Descartes; pero hasta llegar a ella bien vale la pena recorrer el bulevar o perderse entre las estrechas calles con encantadores comercios de todo tipo. Es recomendable, si podemos permitirnos no pensar en la cartera ni el reloj, detenerse en varios cafés y brasseries para seguir los pasos del jazzman Miles Davis o el cineasta Jean-Luc Godard.

Café de Flore en una foto de Paris Perfect.

Así, podemos disfrutar de un licor en  (3) Les Deux Magots como ya hiciera Truffault, donde Rimbaud enseñaba sus poemas a Verlaine y Léger concebía en su mente sus próximas obras cubistas. Cruzando la calle, nos encontramos con la (4) Brasserie Lipp, el favorito de Hemingway y Mitterrand, también frecuentado por Camus y Proust. Frente a la iglesia, finalmente, el (5) Café de Flore, donde Apollinaire recibía frecuentemente a su amigo André Breton para charlar sobre el surrealismo, Simone de Beauvoir discutía siempre en la misma mesa acerca del existencialismo con Sartre y donde Jim Morrison se tomó su última cerveza.


Está claro que nunca faltarán rincones que descubrir y planes que hacer en una ciudad como esta, pero merece la pena gastar unas horas en estos lugares para relajar las piernas y refrescarse con una bebida. Al fin y al cabo, la vida de las ciudades transcurre por sus avenidas y locales, y en este caso, esos locales alcanzan la categoría de historia viva de París, siendo tan populares como los Campos Elíseos y puede que, culturalmente tan importantes como su famosa torre de hormigón, grava y acero.

“París por la mañana es precioso. Por la tarde tiene encanto. Por la noche hechiza. París de madrugada es mágico”.

Mis cinco palabras preferidas


Hoy he aprendido una nueva palabra y se me ha ocurrido escribir sobre mis vocablos favoritos. Ya sea por su sonido, por su significado o por su escritura, hay palabras que me producen una sensación de hygge que no puedo describir juntando otras letras. Aquí va mi Top 5:


Farfalla

Se trata de una palabra que es bonita en muchísimos idiomas: en euskera (pinpilinpauxa o tximeleta), castellano (mariposa), gallego (bolboreta), inglés (butterfly), rumano (fluture), turco (kelebek), en portugués (borboleta)... pero especialmente en italiano; un idioma tremendamente musical.

Kintsukuroi

Esta palabra japonesa hace referencia a la reparación con oro. No es la palabra que más me guste por como suena, pero como otras palabras japonesas (kaizen - cambio para mejorar) me gusta tenerla presente en momentos de angustia, miedo o pesar.

La reparación con oro es un arte japonés que se emplea para arreglar desperfectos de los objetos. Al contrario que en otros lugares, un jarrón que se rompe no va a la basura; se reconstruye usando resina con polvo de oro u otros metales preciosos, porque estas roturas son parte de su historia y además, sirven para embellecer aún más el jarrón. Es un bonito ejemplo con el que enfrentarse a la vida.

Lagom

Esta palabra sueca la descubrí en mi segundo viaje al país nórdico. Quizá sea la palabra que mejor describe el estilo de vida sueco tradicional ya que se emplea cuando algo es "justo" y "adecuado"; es decir, tan bueno como algo debe ser.

Lagom es perfección, ni más ni menos. Es equidad y es justa medida. Cuando sacias tu hambre y podrías comer más, pero no lo haces. Como debería ser todo.

Zirimiri

El euskera es un idioma apasionante. Además de ser el más antiguo conocido en Europa, cuenta con extrañas conexiones con palabras similares que se pueden escuchar desde el Atlántico hasta los Urales, e incluso algunas que lo emparentan con el bereber. Y todo desde un diminuto rincón del mundo.

Me fascina que originalmente no tenga, por ejemplo, ningún insulto en su diccionario. O que el mismo idioma se hable de más de cinco formas distintas en un territorio tan pequeño. Y de entre todas sus bellas palabras como bihotza o pampina, zirimiri (llovizna, orbayu...) es mi favorita.

Serendipity

En castellano serendipia: descubrimiento o encuentro inesperado, mientras se busca otra cosa. En el idioma de Shakespeare, serendipity además suele implicar un evento o condición beneficiosa para quien protagoniza la acción.

¿Tenéis vosotros alguna que os transporte a otro lugar? ¿Palabras que os recuerden otra época? ¿Expresiones que hagan volar vuestra imaginación? Me encantaría leerlas en los comentarios :-)